Hay algo que siempre me hace gracia: parece que los encargos saben exactamente cuándo estoy a punto de irme de vacaciones.
Después de semanas de trabajo, con los pinceles, la seda y los abanicos ocupando cada rincón del taller, por fin llega el momento de hacer una pausa. Y, como si estuviera calculado, justo ayer y hoy entraron dos nuevos encargos.
Por suerte no son urgentes. El último ya está entregado y el penúltimo viajará con nosotros. La casualidad ha querido que su destino esté muy cerca de la casa rural donde vamos a pasar unos días, así que aprovecharé el viaje para entregarlo en persona.
Mientras tanto, Khala y Ada siguen sin sospechar nada. Las maletas permanecen escondidas porque, en cuanto las descubren, empieza la emoción. Ellas también disfrutan de las vacaciones y forman parte de cada aventura.
Desconectar cuando tienes un pequeño negocio artesanal no siempre es sencillo. La cabeza sigue pensando en nuevas ideas, en futuras piezas y en todo lo que quieres crear cuando regreses. Pero también he aprendido que descansar forma parte del proceso creativo.
A la vuelta me esperan los pinceles, la pintura sobre seda y una nueva colección de abanicos artesanales. Estoy deseando volver al taller con la mente despejada, nuevas ideas y la ilusión de seguir creando piezas únicas hechas a mano.
Ahora toca disfrutar de unos días en familia, respirar aire fresco y cargar las pilas. Porque, a veces, la mejor inspiración aparece precisamente cuando dejamos de buscarla.
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