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«¿Dónde vas con un perro tan feo?»
Así, sin conocernos de nada. Sin que nadie preguntara. Y con toda la tranquilidad del mundo. 😂
A ver, para gustos, colores. Para mí, mi perra es la más bonita del planeta. Ya se sabe: para una madre no hay hijo feo.
Y sí, tengo hijos humanos. Y sí, sé perfectamente la diferencia. Podemos seguir. 😂
Pero realmente esto no va de perros.
Va de esa curiosa costumbre que tenemos de decir en voz alta todo lo que pensamos, especialmente cuando nadie nos ha preguntado.
Me pasa también trabajando en el stand.
«Qué feo.»
«Qué caro.»
«Yo eso no me lo pondría ni regalado.»
Y yo pienso: perfecto.
No es tu estilo. No te preocupes, que no te lo voy a regalar. 😂
Porque resulta que también existe la otra posibilidad: que a otra persona sí le guste.
Que alguien mire una prenda artesanal y vea algo especial.
Que valore que no está comprando una pieza fabricada en serie, sino horas de trabajo manual, diseño, materiales y muchas decisiones tomadas una a una.
¿Caro? Hagamos números
Por ejemplo, hay capas en las que invierto más de 40 horas de trabajo.
Cuarenta.
No cuatro.
No «un ratito por la tarde».
CUARENTA.
Ahora coge el precio de la prenda y divídelo entre esas 40 horas.
Después descuenta materiales, herramientas, gastos, impuestos y todo lo que implica mantener un pequeño proyecto de artesanía.
Y ahora volvemos a hablar de lo que cobro por mi hora de trabajo.
¿A que la palabra «caro» empieza a sonar diferente? 😉
El precio de una pieza artesanal no se calcula únicamente por la cantidad de tela o lana que lleva.
También hay que contar las horas de diseño, preparación, elaboración, pruebas, acabados y, por supuesto, esas pequeñas cosas que no se ven cuando miras la prenda terminada.
Porque lo hecho a mano tiene una particularidad bastante incómoda para las prisas:
no tiene botón de modo rápido.
No tiene que gustarte
Y esta es la parte importante.
No quiero convencer a nadie de que compre algo que no le gusta.
Ni que todo el mundo tenga que entender mi trabajo.
Ni que mi ropa tenga que ser para todo el mundo.
No tiene que gustarte.
Puedes pensar que es demasiado colorida, demasiado diferente, demasiado cara o simplemente que tú no te la pondrías.
Todo eso es perfectamente válido.
Lo que me hace gracia es pensar que necesitamos decirlo siempre.
Quizá podríamos probar con:
«No es mi estilo.»
Y seguir caminando.
Sin heridos. Sin dramas. Sin perros ofendidos. 😂
Porque en Olek’Arte hago piezas textiles artesanales, decoradas y elaboradas a mano, pensadas precisamente para quienes buscan algo diferente, único y alejado de la producción en serie.
Y afortunadamente, hay personas a las que sí les gusta.
Personas que valoran las horas detrás de cada pieza.
Personas que entienden que cuando compran artesanía no compran solamente un objeto.
Compran tiempo, oficio y una forma de hacer las cosas que va bastante más despacio.
Y eso, para mí, vale muchísimo.
Aunque mi perra siga siendo fea para alguien.
Para mí, ni hablar. 😂🐶
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